jueves, 7 de enero de 2016

IV

Cuando el móvil vibró ya sabía lo que iba a tener que ver al desbloquear la pantalla. Quizá por ello le costara diez intentos acertar con el patrón de desbloqueo. Bajó lento la ventana superior, como si al hacerlo de una forma pausada el mensaje fuera a ser más misericorde con él.

¿Qué te pasa? ¿Estás bien?”

Había paladeado tantas excusas para cuando su etílico WhatsApp de anoche fuera contestado que tenía más o menos clara la respuesta, pero al verlo ahí, con la lucecita blanca superior parpadeando, se quedó bloqueado.

Cuarenta y tres minutos, dos eclipses, un paso del cometa Halley y el embarazo de un elefante después, se decidió a contestar.  Era consciente de que nada de lo que dijera iba a borrar de la memoria su pifia, pero había que intentarlo. Nunca había sido amigo de eso de ‘la callada por respuesta’.

“Había salido… Y… No sé… Debí coger el móvil y… Bueno, que lo siento…”. Qué aplomo, qué seguridad. Qué orgulloso estaría Pericles de su oratoria, joder. Apagar el móvil acto seguido fue la mejor decisión que había tomado en las últimas horas. Quizá la única sensata. Y así transcurrió el domingo, que fue pasando como las cosas que no tienen mucho sentido, por pura y mera inercia.

Por primera vez en su vida se durmió antes de las 21, quizá por ello decidiera quejarse de la espalda al meterse en la cama, por hacer de sí mismo la completa caricatura de un señor de 85 años. Deseaba con todas sus fuerzas que llegara el lunes, y que la marea de la rutina le evitara destrozarse el cerebro a base de darle vueltas.

Desde luego, la semana que siguió no pasaría a la historia por su relevancia, estaba siendo un puto coñazo, hablando en plata. Con la salvedad de una especial apatía en el trabajo, que lejos de ser algo negativo, le ayudó a aguantar con cierta maestría las quejas y ‘amables sugerencias’ de sus jefes.

La valoración general que hacía de su estado en esos momentos era de ‘simpático gilipollas’. Es decir, ¿a qué venía estar así ahora? ¿Por qué no hace seis meses que es cuando tenía sentido? Nunca había sido muy diestro en eso de autoanalizarse. Ni en eso de sentir cosas normales, para qué se iba a engañar, y no parecía que eso pudiera cambiar de un momento para otro.

Pensó, con buen criterio, que unos días de autoimpuesta soledad podrían ser buenos, por lo que cambió la rutina habitual de sus tardes de siesta y pajas deporte por paseos bajo la lluvia y onanismo bienintencionado.

Otro error. ¿Qué manía tenían las parejas de pasear de la mano? ¿Era necesario? ¿En su cara? Se había convertido en el protagonista de un programa de madrugada de Discovery Max. El simpático y joven vecino que siempre saludaba y acabó asesinando a jóvenes parejas en los jardines de un tranquilo pueblo de Wisconsin. No andaba tan lejos de acabar así.

Pero algo que encontró es tranquilidad, y no estaba tan mal. Poco a poco acertaba a comprender que lo que le afligía, tras tanto tiempo, era el peso de lo que no pudo ser, y que o lo aceptaba o se enrocaba. Se dio un ultimátum. Y sabía que no tenía otros cojones que cumplirlo.

Llegó el viernes, y las promesas de sus colegas de echar unas cervezas y lo que surja le parecieron más atractivas que nunca. Empezó la tarde con un regusto a reminiscencias de hace una semana que no acababa de convencerle, pero las bromas, los chistes y las copas volaban, y no se estaba tan mal.

Fue algún momento en torno a las 2 de la mañana en el que decidió que debía irse. Algo le decía que esa noche debía parar ahí. Quizá fuera el hecho de que hacía un frío de muerte, que ya había esquivado por centímetros los puñetazos de dos tipos que discutían sobre quién había mirado mal a quién, o simplemente que le apetecía dormir y punto.


Esto sí que no le recordaba en nada a la semana anterior. Se estaba metiendo a dormir feliz, con la conciencia tranquila, con una cantidad etílica en sangre considerablemente inferior y, sobre todo, en su propia cama.


1 comentario:

  1. Sin palabras :). Qué sencillez a la hora de expresar la complejidad de unos sentimientos tan pesados y unas emociones tan vivas, me encanta...

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