pingüe.
(Del lat. pinguis).
Pingües son, al lado zurdo del pecho, los latidos que
provocan en mí la imagen de aquellas piernas acercándose, como pingües son los
lamentos que genera su efigie huyendo de mí.
Pingües, como pingües fueron las palabras que no acerté a
pronunciar ante la pérdida de parte de mi ser. Pingües, como pingües debieron
ser los alaridos de una calma que preveía su muerte por abandono.
Pingüe es, también, la cantidad de obscenidades, besos y
mordiscos que dibuja mi mente con tan solo recordar lo que otrora fueron
instantes de lascivia vividos en primera persona, y que ahora permanecen como
recuerdos de otra vida.
Pingües, como pingües serán los momentos en que te añore, en
que te necesite. En que me refugie en brazos vacíos de sentimiento por el mero
hecho de recordar lo que algún día sentí.
Pero, ¿qué coño? No todo será malo, ¿no? Pues claro que no.
Pingües los buenos momentos también, los momentos en que la
imagen un vaso con un par de hielos a medio derretir y una rodaja de limón preceden a un estallido en pingües risas.
Abundantes, copiosos y fértiles, o en una sola palabra,
pingües, son las personas que nos rodean, y que se desviven y hacen lo
imposible por dibujar sonrisas en nuestro rostro, y que se traducen en
momentos, claro que sí, brindo por ellos.
Pingüe, como pingüe es el pingüe uso de la palabra pingüe en
este texto, y como pingüe es la cantidad de pingüinos que pueblan los polos.
Hostia, esperad, que se me ha ido de las manos, ¿por dónde
iba? Ah, sí.
Pingües no serán las lecturas de este texto, ni pingües
serán los beneficios que me reporte, pero ahí queda.
Pingües besos y abrazos.