miércoles, 16 de diciembre de 2015

Elecciones #20D y 'Oliver&Benji'

Supongo que si alguien me pusiera ahora mismo una pistola en la cabeza y me preguntara que cuánto llevamos de campaña electoral, mi respuesta oscilaría entre dos años y cuarenta siglos. Tengo sólo 22 años, he votado en escasas ocasiones, y ya han conseguido hartarme. Llevo dos semanas aguantando que me envíen cartas cada día (y en ninguna me dicen te quiero), que aparezcan en el plasma hasta cuando está apagado e incluso que invadan mi Twitter de propaganda, propuestas y descalificaciones a los demás.

Dadas todas estas circunstancias, que como ser racional me veo obligado a opinar y viendo que ninguno de ellos se toma la campaña en serio, me sumo a su carro.

Me ha venido a la mente Oliver y Benji. Si, así soy yo, en plena campaña electoral y con debates televisados a diario, pienso en Oliver y Benji. En realidad es una serie que, pese a su peculiar forma de relatar partidos y su enfoque meramente infanto-adolescente, permite realizar una serie de paralelismos abrumadora. Y en esas estoy, en establecer una relación entre la política española y esa gran serie. Que, a ver, muy normal no he sido nunca. Espero sepáis comprenderme.

Allá va:

·         Mariano Rajoy: En este paralelismo, el líder del Partido Popular encajaría en el perfil de Mark Lenders. Todos (o casi todos) coincidimos en una misma opinión sobre él: cae muy mal. Es mala persona, y pasa por pisotear a sus rivales sin escrúpulos. Sin embargo, gana casi siempre. Lo que Mariano consigue en las elecciones, Mark lo hace en la beca del Toho, arrebatándosela a Oliver. Este paralelismo se acentuaría teniendo en cuenta a su lacayo habitual, Danny Mellow, que sería la versión anime de Soraya Sáenz de Santamaría.




·         Pedro Sánchez: A mí, por lo menos, me encaja en el papel de Julian Ross. Ambos comparten el hecho de pertenecer a un equipo grande, relevante, de cierta alcurnia, y son tenidos en cuenta antes de cada torneo importante. ¿La pega? En el caso del malogrado Julian, un problema de salud que hace imposible su progresión. En el de Pdr, una latente falta de carisma y aptitud para un cargo como el de presidente. Se comen los mocos, los pobres.



·         Albert Rivera: Al igual que los Gemelos Derrick, surgen de repente, de un equipo poco conocido. Tienen carisma, son espectaculares y la gente flipa en colores viendo sus partidos (y mítines). Aunque, a la hora de la verdad, te das cuenta de que su equipo lleva tiempo compitiendo en categorías menores y nunca ha acabado de tener relevancia. Mucho ruido y pocas nueces.




·         Pablo Iglesias: El líder de Podemos sería el espejo ideal del protagonista, Oliver Atom. Ambos empiezan de la nada, con un equipo muy pequeño. Recordaréis los más frikis el capítulo en el que Oli llega al NewTeam, en el que sus compañeros no saben prácticamente ni qué es un balón. Algo así hizo Pablo con Podemos, fundándolo desde abajo hasta alcanzar relevancia en el panorama político. Posteriormente, ambos se reforzaron: Oliver encontró a su Tom Baker, que en el caso de Iglesias fue Milhouse Iñigo Errejón.




·         Alberto Garzón: Este es, sin duda, el paralelismo que más claro tenía. Garzón es Philippe Callahan. Pertenecen a equipos menores, equipo que salvo sorpresa mayúscula jamás optaran a ganar el Torneo Juvenil de Osaka. Sus compañeros, aparte de ser poco conocidos, no aportan gran cosa al colectivo. Pero eso sí, todo el mundo coincide en destacarles como ejemplos del pundonor y la garra. No sienten dolor, aguantan los envites que les llegan y, sobre todo, no se dejan fichar por los equipos grandes.

 



·         Andrés Herzog: Dado que UPyD todavía tiene representación parlamentaria y no me gustaría que este post fuera denunciado por la Junta Electoral, me veo en la obligación de incluirle. No puede ser otro que el gran Bruce Harper. Es graciosete, simpático y no pinta demasiado, pero por alguna razón, siempre está ahí. Recordemos que Bruce incluso llegaba a ser un habitual en las convocatorias nacionales, así que conviene no descartar la presencia de Herzog en el Congreso.







Y nada, eso es un poco todo lo que tenía que decir. Congratulémonos del hecho de que solo son unos días los que quedan para que empiece la final, aunque se nos vayan a hacer más largos que un partido en Oliver y Benji. Esperemos que el gol no llegue por un penalti injusto.

Gracias por leer, HAMIJOS.

martes, 3 de noviembre de 2015

Pingües pingüinos.

pingüe.
(Del lat. pinguis).
1. adj. Craso, gordo, mantecoso.
2. adj. Abundante, copioso, fértil.


Pingües son, al lado zurdo del pecho, los latidos que provocan en mí la imagen de aquellas piernas acercándose, como pingües son los lamentos que genera su efigie huyendo de mí.

Pingües, como pingües fueron las palabras que no acerté a pronunciar ante la pérdida de parte de mi ser. Pingües, como pingües debieron ser los alaridos de una calma que preveía su muerte por abandono.

Pingüe es, también, la cantidad de obscenidades, besos y mordiscos que dibuja mi mente con tan solo recordar lo que otrora fueron instantes de lascivia vividos en primera persona, y que ahora permanecen como recuerdos de otra vida.

Pingües, como pingües serán los momentos en que te añore, en que te necesite. En que me refugie en brazos vacíos de sentimiento por el mero hecho de recordar lo que algún día sentí.

Pero, ¿qué coño? No todo será malo, ¿no? Pues claro que no.

Pingües los buenos momentos también, los momentos en que la imagen un vaso con un par de hielos a medio derretir  y una rodaja de limón preceden  a un estallido en pingües risas.

Abundantes, copiosos y fértiles, o en una sola palabra, pingües, son las personas que nos rodean, y que se desviven y hacen lo imposible por dibujar sonrisas en nuestro rostro, y que se traducen en momentos, claro que sí, brindo por ellos.

Pingüe, como pingüe es el pingüe uso de la palabra pingüe en este texto, y como pingüe es la cantidad de pingüinos que pueblan los polos.

Hostia, esperad, que se me ha ido de las manos, ¿por dónde iba? Ah, sí.

Pingües no serán las lecturas de este texto, ni pingües serán los beneficios que me reporte, pero ahí queda.


Pingües besos y abrazos.



viernes, 30 de octubre de 2015

Caos en la confusión + Sobredosis de azúcar

Bueno, rebuscando me he dado cuenta de que, entre ordenador de sobremesa, portátil y notas del móvil tengo unos quince textos a medio empezar. Textos que no van a ningún lado, para qué nos vamos a engañar, pero que no me gusta tener en el ostracismo.

Y es por ello que, siendo consciente de que por el puto desastre que soy no voy a conseguir sacar nada decente de ellos, he decidido hacer esta entrada del blog. Si ninguna de las previas tiene demasiado sentido, esta va a seguir con esa tónica, quizá elevada a su máximo exponente.

Se trata de ideas breves, incluso frases que no llegan a una línea de Word, pero que me gustaría publicar. De hecho, están prácticamente inconexas entre ellas, pero he diferenciado dos partes para que quede más o menos estructurado. Sin más dilatación (HUHEUHEUHEUEHUHEUE), a ello voy:


CAOS EN LA CONFUSIÓN


He aquí el apartado en el que están ideas que me hubiera gustado desarrollar, pero que por falta de ocurrencias, ganas o demás excusas baratas, no he podido.



“Creo firmemente que el concepto de amistad está, hoy en día, absolutamente desvirtuado.
La palabra ‘amigo’ se otorga hasta el punto de aplicar dicha consideración a personas a las que jamás contarías qué pasa por tu mente. A personas con las que lo máximo que puedes compartir es un chupito de Jaggermeister.
Lo siento, no contéis conmigo para corromper algo tan grande”. 


“Nunca he creído en Dios. Pero he de reconocer que siento ideas contradictorias por la gente que sí lo hace. Por un lado, envidio esa fe, ese creer que alguien te va a proteger de lo malo y te va a acompañar en aquello que emprendas.
Por el otro, me compadezco de que se precise de una falsa red de seguridad para saltar al vacío de la realidad”.


“Con el otoño, no puedo evitar quedarme empanado como un gilipollas mirando como caen las hojas de los árboles. Y pienso ‘joder, qué bien quedaría decir una frase trascendental en estos instantes, qué poético todo’. Pero todo en lo que puedo pensar es en que menuda movida recoger todo eso si cinco minutos después va a estar igual”.


“Si hay algo en esta vida a lo que le tengo asco es a la frase ‘es lo que hay’. No puedo evitar que me arda la sangre cada vez que me la dicen. Siempre me ha sonado a aceptar, de manera abnegada, algo que entiendes como negativo o erróneo.
Pero también me da mucho asco que al Colacao se le queden grumitos, por lo que mi criterio en cuanto al asco es, como poco, cuestionable”.

                                   
“Considero el hecho de plasmar mis sentimientos en un texto una forma buena de entenderlos. Con ello, al leerlos, puedo ser capaz de imaginar que lo ha escrito otro, y esa objetividad me ayuda a comprenderlos.
Lo cual no quita para que siga hecho un lío, oye, pero intentarlo lo habré intentado”.





SOBREDOSIS DE AZÚCAR


Y he aquí las frases, en su gran mayoría de una ñoñez insultante que me hubiera gustado incluir en textos, pero que por una falta latente de talento para la confección de este tipo de relatos no he podido utilizar. Van sueltas y sin vaselina, así que ale, ahí van.


“Me juré que nunca jamás te volvería a querer. Y, en cierto modo, no me mentí. Para volver a quererte necesitaría haber dejado alguna vez de hacerlo”.


“Sabes que lo haría todo por ti, pero me pediste lo único que ni se ni puedo hacer: olvidarte”.


“Como en un autoatentado, el cerebro se inmoló ante la ardua tarea de mentir para ocultar sus sentimientos que se le había encomendado”.


“Últimamente, los sentimientos más contradictorios se entrelazan en mi cabeza con una armonía casi absoluta”.


“Nos han vendido la moto del karma para que aprendamos a esperar una recompensa futura por nuestras buenas acciones. Os contaré un secreto: el karma no existe.”





Y como siempre, para acabar, una foto. Esta del bosque de Orgi. Gracias, as always, a los tres lectores.

:D






miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Y tú qué dices corazón?

Entonces, se alejó. La tez más blanca y pura que había pisado este páramo, se alejó. Todos, y digo todos, entendimos que era lo mejor, que necesitábamos un cambio, y lo aceptamos como tal. Cuando hablo de todos, hablo de los componentes principales que componen el ser de este texto: Cabeza y Corazón.

-Venga, corazón, no me jodas, que habíamos dejado claro que estábamos de acuerdo, no me llores.
­­-Perdona, que ha sido un momentito solo de bajada, que aquí no pasa nada…

Cabeza también lloraba, pero se sabía capitán de la nave y no quería mostrar su debilidad ante el resto. Recordaba con cariño todo lo que había vivido con ella y sonreía. Recordaba que acababa de perderlo y se desmoronaba. Nunca había sido tan feliz. Nunca se había sentido tan comprendida, y eso era mucho decir, nadie le había comprendido antes.

Una ruptura supone una sensación de egocentrismo atroz. Crees que eres el centro del mundo, que tus problemas son los únicos importantes, que el mundo se para. Y no es así. La vida sigue, como bien te dice todo el mundo que pretende, con buena fe, ayudarte a superarla.

Y la vida siguió para ellos también.

Corazón avanzó, pasó página. Puso tiritas en todas y cada una de sus heridas y dejó que cicatrizaran. Cabeza no quiso preocupar a nadie, y asumió de manera unilateral el peso de la losa que acababan de recoger. 

Cuando Cabeza no está ordenada, pasa lo que pasa. Ve pasar el tiempo a un ritmo que conoce como irreal. Ve como los sentimientos más contradictorios acuden a ella y se van acomodando con una armonía casi total.

Busca y cree encontrar un punto de equilibrio que es capaz de sobrellevar, encuentra cierto acomodo en un caos que conoce, pero que no le preocupa. El mayor de sus problemas llega cuando ve que el Corazón empieza a actuar con más objetividad que la Cabeza, ahí sabe que está perdido. Las hostias siempre duelen, pero una hostia contra una realidad que no quieres aceptar es la más dolorosa de todas.

-Que no puedo más, Corazón, que yo lo dejo.
-Asúmelo. Asúmelo de una puta vez.


A base de charlas, más charlas y alguna que otra charla más, Corazón y Cabeza van llegando al punto de asunción de la realidad que debieron alcanzar hace mucho tiempo. Corazón se va calmando, no puede hacer nada para remediarlo. Cabeza ya tiene demasiadas cosas en las que pensar, y va aceptando que no siempre las cosas son como ella quiere. Nunca dejó de llevar ese peso. Y no quiere quitárselo de encima. Sabe que ese peso mental que dibujamos metafóricamente como una losa, no es tal. Y si lo es, es la losa de tez más blanca y pura del mundo, y lo único que quiere es portarla como el recuerdo que más sonrisas y buenos momentos le atrajo jamás. 



martes, 6 de octubre de 2015

Catorce años

Catorce años han pasado ya. Y todos los 6 de octubre me vuelve a invadir una sensación que por mucho que sigan cayendo los años creo que nunca voy a ser capaz de describir. Como cada año, esa sensación me empuja a la necesidad de escribir algo que mantenga vivo su recuerdo, aunque su recuerdo es mucho más que cualquier texto. Mucho más que ningún texto. Su recuerdo permanece nítido en el interior de todos aquellos que tuvimos el placer de compartir su vida, es más, de aquellos que tuvimos el honor de compartirla.

Su pérdida será siempre una losa que me acompañará toda la vida, pero que sin duda sería imposible de llevar si no hubiera conseguido extraer todo lo que aprendí de él. Fue poco tiempo el que lo tuve cerca, ocho años, aunque los suficientes para poner el andamiaje que ahora es mi compleja vida interior. No te preocupes, papá, mamá se desvivió por terminar esa obra.

Yo no soy creyente, pero él sí lo era. Según su cristiana forma de ver la vida y la muerte, a él se lo llevó Dios. ‘Qué cabrón’, pensaba en su día, aunque con más tiempo de por medio y procurando hacer un arduo ejercicio de empatía, puedo llegar a entenderle: a Dios le gusta rodearse de los mejores, y él era uno de ellos. Desde hace catorce años tiene a una de las mejores personas que pisarán mi vida junto a él.

Mi forma de verlo es mucho más terrenal y, por qué no decirlo, egoísta. Se fue demasiado pronto, ocho marzos viví con él. Habría necesitado otras tres vidas para poder disfrutar de todo lo que tenía que ofrecerme, y habría necesitado otras cinco o seis más para extraer todo el conocimiento y sabiduría que atesoraba.

Catorce años, que en 365 días serán quince, y que por muchos más que caigan, jamás borrarán la huella que dejaste, la del mejor padre que pudo haber, la del mejor padre que pude tener.


Te querré siempre.



lunes, 6 de abril de 2015

Jorge Manrique, tu.

Que decía Jorge Manrique que ‘la vida son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir’. Bueno, en realidad decía:

“Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales, 
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.”


Allá por la ESO te hacían aprenderte la vida de estos autores y parte de su obra. Que el pobre Manrique escribió muchas cosas, pero petarlo, petarlo, sólo las “Coplas a la muerte de su padre”. Ahí, dando lastimica al más puro estilo ‘La Voz’. Y en esas te hacían memorizar estos versos, que en el momento, te entraban por un oído, los vomitabas sobre la hoja del examen, y salían por el otro.

Con el tiempo, por lo menos a mí, hay veces que me gusta releer estas cosicas y, cuando tu vida se sitúa en un momento temporal en el que no sabes a ciencia cierta por dónde te da el aire ni sabes cómo tomarte lo que te ocurre ni cómo reaccionar, darle vueltas a las cosas.

Darle vueltas más por pura inercia que por una intención propia, casi por aburrimiento.

Manrique comparaba las vidas con ríos que van a dar a la mar, que sería el morir. A ver, tampoco se destrozó la cabeza con la metáfora, pero pensándola, es muy triste. Bien es cierto que debemos tener en cuenta el contexto. Hablamos de un poeta que vivió en el siglo XV, con la mentalidad de la época y que su obra es una oda tras la muerte de su padre. Debe ser triste.

Pero yendo a lo que voy, el ver la vida como un mero río que va a la muerte y ya… Hostias, qué bajona.
En la parte de que es un trecho, de acuerdo, pero es más un camino. Un camino que andas y que se bifurca, da la vuelta, no hay salida. O la hay y no la ves. Un camino que cada uno debemos andar y, en parte, crear. Y no solos, sino acompañados. O nos metemos en los caminos de otros, o intentamos que los caminos se unan. O nos dedicamos a joder los caminos de los demás. De todo.

Llevaba tanto tiempo sin poner mierdas en el blog que había olvidado mi excepcional capacidad para irme por las ramas y hacer de cada texto que hago una especie de laberinto del que sólo yo puedo salir. En fin.
Retomando, que es gerundio. Que la vida no es un río, Manrique, pesimista, que es un camino. Y que tenemos que andarlo como buenamente nos venga en gana. Y en ese camino hay senderos que es mejor no coger, porque sabes que van a dar a un precipicio, pero, ¿y si sabiendo que ese camino va a la mierda, quiero cogerlo igual? Hemos de hacerlo. Puede que vaya a acabar sin apenas haber empezado, pero jamás nos quitarán el hecho de haberlo empezado, o lo (poco) que hayas vivido en él. Lo bueno de estos caminos es que siempre podrás coger otros, o retomar los que empezaste.

Porque la vida es un camino que va a dar a más caminos que van a dar a otros caminos y que al final, ahí sí que Jorgito tenía toda la puta razón, va a dar al morir. Pero eso es inevitable, y qué mejor manera de llegar que tras haber transitado todo lo que pudiste, ¿no? Pues ea.

Y por concluir la metáfora, este es el final del laberinto en el que he convertido esta entrada, que a decir verdad, no sé muy bien a qué viene.


Gracias a los dos que lo habéis leído. Uno de ellos soy yo.



PD: Para culminar, voy a poner una foto que saqué el otro día que me parece chula, pese a no tener relación directa con lo que he puesto. Bueno, es naturaleza, en parte sí. O no. O yo que se.