lunes, 6 de abril de 2015

Jorge Manrique, tu.

Que decía Jorge Manrique que ‘la vida son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir’. Bueno, en realidad decía:

“Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales, 
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.”


Allá por la ESO te hacían aprenderte la vida de estos autores y parte de su obra. Que el pobre Manrique escribió muchas cosas, pero petarlo, petarlo, sólo las “Coplas a la muerte de su padre”. Ahí, dando lastimica al más puro estilo ‘La Voz’. Y en esas te hacían memorizar estos versos, que en el momento, te entraban por un oído, los vomitabas sobre la hoja del examen, y salían por el otro.

Con el tiempo, por lo menos a mí, hay veces que me gusta releer estas cosicas y, cuando tu vida se sitúa en un momento temporal en el que no sabes a ciencia cierta por dónde te da el aire ni sabes cómo tomarte lo que te ocurre ni cómo reaccionar, darle vueltas a las cosas.

Darle vueltas más por pura inercia que por una intención propia, casi por aburrimiento.

Manrique comparaba las vidas con ríos que van a dar a la mar, que sería el morir. A ver, tampoco se destrozó la cabeza con la metáfora, pero pensándola, es muy triste. Bien es cierto que debemos tener en cuenta el contexto. Hablamos de un poeta que vivió en el siglo XV, con la mentalidad de la época y que su obra es una oda tras la muerte de su padre. Debe ser triste.

Pero yendo a lo que voy, el ver la vida como un mero río que va a la muerte y ya… Hostias, qué bajona.
En la parte de que es un trecho, de acuerdo, pero es más un camino. Un camino que andas y que se bifurca, da la vuelta, no hay salida. O la hay y no la ves. Un camino que cada uno debemos andar y, en parte, crear. Y no solos, sino acompañados. O nos metemos en los caminos de otros, o intentamos que los caminos se unan. O nos dedicamos a joder los caminos de los demás. De todo.

Llevaba tanto tiempo sin poner mierdas en el blog que había olvidado mi excepcional capacidad para irme por las ramas y hacer de cada texto que hago una especie de laberinto del que sólo yo puedo salir. En fin.
Retomando, que es gerundio. Que la vida no es un río, Manrique, pesimista, que es un camino. Y que tenemos que andarlo como buenamente nos venga en gana. Y en ese camino hay senderos que es mejor no coger, porque sabes que van a dar a un precipicio, pero, ¿y si sabiendo que ese camino va a la mierda, quiero cogerlo igual? Hemos de hacerlo. Puede que vaya a acabar sin apenas haber empezado, pero jamás nos quitarán el hecho de haberlo empezado, o lo (poco) que hayas vivido en él. Lo bueno de estos caminos es que siempre podrás coger otros, o retomar los que empezaste.

Porque la vida es un camino que va a dar a más caminos que van a dar a otros caminos y que al final, ahí sí que Jorgito tenía toda la puta razón, va a dar al morir. Pero eso es inevitable, y qué mejor manera de llegar que tras haber transitado todo lo que pudiste, ¿no? Pues ea.

Y por concluir la metáfora, este es el final del laberinto en el que he convertido esta entrada, que a decir verdad, no sé muy bien a qué viene.


Gracias a los dos que lo habéis leído. Uno de ellos soy yo.



PD: Para culminar, voy a poner una foto que saqué el otro día que me parece chula, pese a no tener relación directa con lo que he puesto. Bueno, es naturaleza, en parte sí. O no. O yo que se.


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