Que decía Jorge Manrique que ‘la vida son los ríos que van a
dar a la mar, que es el morir’. Bueno, en realidad decía:
“Nuestras vidas son
los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros
medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.”
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.”
Allá por la ESO te hacían aprenderte la vida de estos
autores y parte de su obra. Que el pobre Manrique escribió muchas cosas, pero
petarlo, petarlo, sólo las “Coplas a la muerte de su padre”. Ahí, dando
lastimica al más puro estilo ‘La Voz’. Y en esas te hacían memorizar estos
versos, que en el momento, te entraban por un oído, los vomitabas sobre la hoja
del examen, y salían por el otro.
Con el tiempo, por lo menos a mí, hay veces que me gusta
releer estas cosicas y, cuando tu vida se sitúa en un momento temporal en el
que no sabes a ciencia cierta por dónde te da el aire ni sabes cómo tomarte lo
que te ocurre ni cómo reaccionar, darle vueltas a las cosas.
Darle vueltas más por pura inercia que por una intención
propia, casi por aburrimiento.
Manrique comparaba las vidas con ríos que van a dar a la
mar, que sería el morir. A ver, tampoco se destrozó la cabeza con la metáfora,
pero pensándola, es muy triste. Bien es cierto que debemos tener en cuenta el
contexto. Hablamos de un poeta que vivió en el siglo XV, con la mentalidad de
la época y que su obra es una oda tras la muerte de su padre. Debe ser triste.
Pero yendo a lo que voy, el ver la vida como un mero río que
va a la muerte y ya… Hostias, qué bajona.
En la parte de que es un trecho, de acuerdo, pero es más un
camino. Un camino que andas y que se bifurca, da la vuelta, no hay salida. O la
hay y no la ves. Un camino que cada uno debemos andar y, en parte, crear. Y no
solos, sino acompañados. O nos metemos en los caminos de otros, o intentamos
que los caminos se unan. O nos dedicamos a joder los caminos de los demás. De
todo.
Llevaba tanto tiempo sin poner mierdas en el blog que había
olvidado mi excepcional capacidad para irme por las ramas y hacer de cada texto
que hago una especie de laberinto del que sólo yo puedo salir. En fin.
Retomando, que es gerundio. Que la vida no es un río,
Manrique, pesimista, que es un camino. Y que tenemos que andarlo como
buenamente nos venga en gana. Y en ese camino hay senderos que es mejor no coger,
porque sabes que van a dar a un precipicio, pero, ¿y si sabiendo que ese camino
va a la mierda, quiero cogerlo igual? Hemos de hacerlo. Puede que vaya a acabar
sin apenas haber empezado, pero jamás nos quitarán el hecho de haberlo empezado,
o lo (poco) que hayas vivido en él. Lo bueno de estos caminos es que siempre
podrás coger otros, o retomar los que empezaste.
Porque la vida es un camino que va a dar a más caminos que
van a dar a otros caminos y que al final, ahí sí que Jorgito tenía toda la puta
razón, va a dar al morir. Pero eso es inevitable, y qué mejor manera de llegar
que tras haber transitado todo lo que pudiste, ¿no? Pues ea.
Y por concluir la metáfora, este es el final del laberinto
en el que he convertido esta entrada, que a decir verdad, no sé muy bien a qué
viene.
Gracias a los dos que lo habéis leído. Uno de ellos soy yo.
PD: Para culminar, voy a poner una foto que saqué el otro día que me parece chula, pese a no tener relación directa con lo que he puesto. Bueno, es naturaleza, en parte sí. O no. O yo que se.
Como mola esta (:
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