Buenas tardes a todos y todas. ¿Qué tal? ¿Bien? Y eso.
Como ya sabréis (y si no los sabéis, os lo digo), me
encuentro cursando el ciclo de Grado Superior de Educación Infantil. Unos
estudios sobre los cuales a menudo oigo decir que “son de chicas”. Guay.
Hablemos de ello.
¿Por qué la educación infantil se considera un ámbito
femenino? Históricamente, el cuidado tanto del hogar como de los hijos de la
unidad familiar correspondía, casi por decreto, a la mujer de la casa.
Afortunadamente, esta concepción arcaica ha pasado a mejor vida actualmente, ya
que tanto hombres como mujeres participan de manera activa en estas labores.
Y si en los hogares el hecho de educar a los pequeños era
propio de la mujer de la casa, lo mismo ocurría en el ámbito profesional. Si regresamos
20 años en el tiempo, prácticamente la totalidad de los trabajadores de centros
de infancia, escuelas infantiles, kindergartens... eran mujeres.
Otra razón viene dada por la educación que todos y cada uno
de nosotros hemos recibido. Todo el entramado educativo de este país trata de
segregarnos por sexos (toma frase lapidaria para empezar el alegato). ¿Por qué
digo esto? Desde que nacemos, nos ofrecen unos juguetes y unos juegos adecuados
a tu sexo. Si eres un niño te ofrecerán construcciones y cochecitos, y si eres
niña, muñecas y cocinitas.
Podéis pensar que, hostia, son juguetes de cuando tienes
tres años y no tienen ninguna consecuencia en el futuro. Falso.
A los hombres, con esas construcciones se nos impulsa a
desarrollar más el hemisferio izquierdo del cerebro, la parte racional. Aquella
parte encargada de la lógica y las matemáticas, con lo que se están sentando
las bases para encaminarnos a estudios relacionados con ingenierías, que son
aquellos mayoritariamente masculinos.
En el caso de las mujeres, en cambio, con esos juegos de
cocinitas y muñecas, se busca un desarrollo mayor del hemisferio cerebral
derecho, el cual controla la parte más emocional y sentimental. ¿A qué tipo de
estudios dirige esta manera de educar? Efectivamente; a la educación infantil.
De todas formas, y gracias a los cambios que ha ido dando la
sociedad, tanto hombres como mujeres elegimos estudios “no adecuados a nuestro
sexo”, lo cual enriquece, desde mi punto de vista, la sociedad en general, ya
que en todos y cada uno de los ámbitos se precisan ambos sexos.
Retomemos el tema, que me he ido un poco demasiado por las
ramas. A lo que quería llegar es que los chicos que estamos metidos en este
mundo no acabamos de ser comprendidos por la sociedad. Muchos de nosotros hemos
escuchado aquello de “¿Educación Infantil? Si es de tías” o incluso alguna
mirada atónita de padres que acuden a los centros donde hacemos prácticas
cuando ven a un chico cambiándole los pañales a su pequeño. Sinceramente, no
acabo de entender esa incredulidad. Prefiero no pensar que piensan de nosotros cuando
nos miran como nos miran (algunos, no todos).
Y digo no todos porque también he recibido el apoyo de
padres que afirman, con un precioso criterio, que “qué bien que haya chicos en
las escuelas, ya era hora”.
En la actualidad, cada vez somos más los hombres que
iniciamos estudios de Educación Infantil, y, esperemos, cada vez más los que
nos incorporamos al mundo laboral en este sector. Y queremos ser cada vez más,
por el bien de la educación en este país, y sobre todo, por el bien de la
igualdad en sectores en los que nunca antes la ha habido.
Espero hayáis disfrutado con esta gran chapa.
Gracias por leerla.